sábado, 29 de noviembre de 2008

Balance en Bombay

Ha terminado el drama de Bombay. El Ejército indio le puso fin hoy a tres días de enfrentamientos con los terroristas que atacaron dos hoteles de lujo y un centro de oración judío en Bombay, entre otros objetivos. Según el último balance oficial, al menos 195 personas murieron y 295 resultaron heridas.

Entre los fallecidos figuran, como mínimo, 27 extranjeros de 12 nacionalidades distintas: nueve israelíes, cinco estadounidenses, dos franceses, dos australianos, dos canadienses, un británico, una singapurense, un japonés, un italiano, una tailandesa, un alemán y un mauriciano. Durante las operaciones de rescate perdieron también la vida al menos 20 miembros de las fuerzas de seguridad, entre ellos dos comandos de élite. Sus esfuerzos y los del resto de agentes sirvieron para liberar a más de 600 rehenes en los edificios atacados, según informó a la agencia France-Presse un alto responsable de la seguridad india.

Los últimos disparos y explosiones tuvieron lugar en el simbólico hotel Taj Mahal, frente al mar Arábigo y la emblemática Puerta de la India, donde los comandos de élite acabaron con la resistencia de los terroristas, registraron las más de 300 habitaciones del complejo y detonaron armamento y granadas que encontraron en el edificio.

Los terroristas que quedaban en el interior formaban parte de un grupo de 10 personas, según los datos que maneja la policía. Nueve de ellos murieron en los combates, mientras que uno fue capturado y se encuentra bajo custodia de las autoridades. En todo este intercambio de tiros y explosiones quedaron seriamente afectados los hoteles Taj Mahal —en especial el ala este, cuya reconstrucción costará unos 120 millones de dólares— y Oberoi.

En cualquier caso, el escenario más devastado es el centro religioso judío Nariman House, donde murieron al menos cinco rehenes —entre ellos un rabino y su esposa— y dos terroristas.
Según los agentes que vigilan la zona, el muro derribado al lado de una gasolinera próxima al recinto muestra que los terroristas querían causar aún más víctimas con una explosión cuyas consecuencias habrían sido muy graves.

En cambio, la antigua estación ferroviaria de Victoria, donde al menos dos terroristas penetraron para matar a civiles y policías, presenta un aspecto normal, aunque en el suelo aun pueden verse las marcas de las explosiones de granadas.

Lo que sigue ahora es establecer quién organizó el ataque, y cuales eran realmente sus objetivos. Aunque está claro que él se inscribe en la estrategia general musulmana que encabeza Al Quaeda contra el mundo occidental, y contra el Estado de Israel. 

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